El efecto Kombi en la Gestión de Resultados
En 1950 se fabricó la primera Kombi en Alemania. Una obra de ingeniería que terminaría siendo reconocida por haber dado origen al vehículo con mayor permanencia en el mercado en toda la historia de la industria automotriz.
Sin embargo, lo que me inspira a escribir no tiene nada que ver con la industria automotriz, sino con algo que aprendí conduciendo una Kombi cuando todavía llevaba el flequillo sobre la frente.
Cualquiera que haya tenido el privilegio de conducir uno de estos utilitarios sabe que venía de fábrica con cierta holgura en la dirección, lo que hacía bastante difícil mantener una trayectoria recta en la carretera. Para dominar esa máquina había que “bailar al ritmo” que ella imponía. Como mínimo, era una experiencia divertida.
En una ocasión viajé en una Kombi cargada de atletas desde Alegrete hasta Uruguaiana, dos ciudades separadas por unos 150 kilómetros, para participar en un campeonato de voleibol. Al finalizar el torneo, emprendimos el regreso de madrugada. Sin embargo, el clima parecía decidido a poner a prueba nuestras habilidades. Nos sorprendió una fuerte tormenta y enseguida comprendí que ya no podría mantener el vehículo dentro del carril derecho si quería seguir avanzando. Ya no podía GARANTIZAR el resultado esperado: llegar todos sanos y salvos a casa.
¿Tenía opciones? Sí, por supuesto. Podía detenerme y esperar a que pasara la tormenta… Podía conducir a 10 km/h y tardar unas 15 horas en llegar… Incluso podía cambiar la Kombi por tres Porsche (aunque, entre esas dos ciudades, a esa hora de la madrugada, no había nadie vendiendo Porsche, y mucho menos yo tenía el dinero o el crédito para hacerlo).
El proceso estaba variando mucho más de lo que yo estaba acostumbrado. La alternativa elegida fue utilizar ambos carriles, aunque esa decisión también implicaba ciertos riesgos. Esa fue la forma de garantizar el objetivo, a pesar de los bruscos volantazos que la Kombi daba hacia donde ella misma parecía decidir.
Lo mismo ocurre en nuestras organizaciones. Podemos perder el control de un proceso y necesitaremos paciencia y habilidad para seguir adelante, aunque el recorrido sea mucho más “sinuoso”. Pero, más importante que avanzar en línea recta, es GARANTIZAR que no nos salgamos del camino, aunque para ello debamos utilizar más “carriles” de los que hubiéramos querido. Necesitamos comprender las variaciones de nuestros procesos.
Necesitamos PREVISIBILIDAD. En cierta ocasión escuché a un gran empresario decir: “El costo de la imprevisibilidad de los procesos es muy alto”.
Si sabemos de antemano que un determinado proceso no podrá mantenerse dentro de ciertos límites, no debemos dudar en revisar nuestras previsiones, siempre de acuerdo con la capacidad de los procesos y los recursos disponibles, para garantizar la CREDIBILIDAD. Sin ella, no tenemos nada. Si no cumplimos lo prometido, perderemos la confianza de quienes dependen de nosotros.
Solo después de conquistar la previsibilidad podremos aventurarnos a mejorar el proceso para hacerlo aún más estable y preciso.
Puede que nuestros recursos no sean suficientes para comprar los Porsche… Puede que los plazos no nos permitan avanzar despacio o detenernos a esperar que pase la tormenta… Pero debemos seguir adelante de la mejor manera posible, con creatividad, capacidad de adaptación y la determinación de que todos lleguemos con vida a nuestro destino… recordando el “Efecto Kombi” cada vez que vuelva a aparecer.
En 1950 se fabricó la primera Kombi en Alemania. Una obra de ingeniería que terminaría siendo reconocida por haber dado origen al vehículo con mayor permanencia en el mercado en toda la historia de la industria automotriz. Sin embargo, lo que me inspira a escribir no tiene nada que ver con la industria automotriz, sino […]

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